03 mayo 2008

La Guerra de la Independencia en la Literatura Española en el segundo centenario (1808-2008)

En el segundo centenario del inicio de la Guerra de la Independencia española siempre es bueno leer y recordar que pasa y como fue. Yo propongo leer el siguiente artículo porque hace referencia a distintos autores que han narrado los hechos allí acontecidos. En la parte que a nosotros nos toca copio y pego la parte que mejor conocemos pero dejo el enlace para quien quiera leerlo completamente.

Francisco Javier Díez de Revenga
Catedrático de Literatura Española.
Universidad de Murcia

...Pedro Antonio de Alarcón y sus ‘historietas nacionales'

En la dedicatoria que hace Pedro Antonio de Alarcón de sus novelas cortas a don Juan Valera asegura que son escritos de juventud y que él fue el primero que escribió narraciones de este tipo, es decir tomadas de la tradición popular, históricas “al pie de la letra”, y que “las había oído referir a fidedignos testigos presenciales”. Bajo el título de Historietas nacionales agrupó Alarcón diecinueve narraciones, que podrían clasificarse, tal como hizo Luis González-Palencia, en tres tipos: relatos de guerra, inspirados por la de la Independencia o por las guerras carlistas, entre los que se hayan algunos de sus mejores títulos como “El carbonero alcalde”, “El afrancesado”, “El extranjero”, etc. Luego, hay otros dos grupos: relatos legendarios y relatos diversos.

Como señala González Palencia, “los más interesantes son los del primer grupo. La Guerra de la Independencia dejó, como era natural, un inagotable anecdotario en que aparecen mezclados sucesos verdaderos y falsos de toda tendencia. Tanto heroísmo, tanto dolor, tanto sacrificio, tantos hechos sangrientos no pudieron por menos de impresionar vivamente y de dejar entre nosotros hondísima huella. Cuando Alarcón era niño estaban aún muy próximos los acontecimientos. Recordemos que su abuelo paterno, regidor perpetuo de Guadix, vio confiscados sus bienes, fue preso en la cárcel de Granada y murió de resultas, todo por haberse opuesto a la entrada de los franceses en Guadix”.

Alarcón conoció a algunos supervivientes que tomaron parte activa en la Guerra de la Independencia y hasta sus oídos llegaron los relatos de las hazañas de sus paisanos en la lucha contra el invasor napoleónico. Y estos hechos llegan, quizá exagerados algunas veces y otras inexactos, son siempre verdaderos por el espíritu que los anima.

No olvidemos el fervoroso patriotismo de Alarcón, su brillante historial de soldado en Marruecos, su odio a los invasores y su amor a nuestras historias y a nuestras gestas. Todo ello lo simbolizará en sus héroes. Manuel Atienza, el carbonero alcalde, será el exponente del valor heroico de nuestros campesinos. Y García de Paredes, el afrancesado, que hará honor a su apellido ilustre y heroísmo, nos producirá escalofrío de emoción.

En El carbonero alcalde , cuenta el heroísmo de todo un pueblo, Lapeza, al mando de su alcalde, que se enfrenta a las tropas francesas con un viejo cañón que, al explotar, producirá numerosas bajas entre los invasores y los habitantes del pueblo. “Era el día 15 de abril del mencionado año de 1810. La villa de Lapeza ofrecía un espectáculo tan risible como admirable, tan grotesco como imponente, tan ridículo como aterrador. Hallábanse cortadas todas sus avenidas por una muralla de troncos de encina y de otros árboles gigantescos, que la población en masa bajaba del monte vecino, y con los que formaba pilas no muy fáciles de superar. Como la mayor parte de aquel vecindario se compone de carboneros, y el resto de leñadores y pastores, la operación indicada se llevaba a cabo con inteligencia y celeridad verdaderamente asombrosas. Aquel recio muro de madera formaba una especie de torre por el lado frontero al camino de Guadix, y encima de esta torre habían colocado los lapezeños (¡asómbrense ustedes!) cierto formidable cañón, fabricado por ellos mismos, y de que ha quedado imperecedera memoria; el cual consistía en un colosal tronco de encina ahuecado al fuego, ceñido con recias cuerdas y redoblados alambres, y cargado hasta la boca con no sé cuántas libras de pólvora y una infinidad de balas, piedras, pedazos de hierro viejo y otros proyectiles por el estilo…”


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