18 octubre 2007

Propongo un juego...

Volverán las oscuras golondrinas:

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales,
jugando llamarán;

pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha al contemplar;
aquellas que aprendieron nuestros nombres,
esas... ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aun mas hermosas,
sus flores abrirán;

pero aquellas cuajadas de rocío,
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer, como lágrimas del día...
esas... ¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón, de su profundo sueño
tal vez despertará;

pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido... desengáñate,
¡así no te querrán!

Gustavo Adolfo Becquer

10 comentarios:

Consuelo dijo...

Estupendo, pero ¿cuales son las reglas?

Juan Jesús dijo...

Lo único regla es que quada terminantemente prohibido prohibir... así que puedes escriber uno nuevo, inventarte uno, decir que te parece o opinar el respecto lo que te parezca... Así que a ver que sale del experimento.

Juan Jesús dijo...

Me proponen por ejemplo que pase a un nivel de poesía más avanzado y que deje de lado Becquer que eso solo se lee en la escuela... Bueno, espero sugerencias, yo es que soy muy inculto y necesito que me orienten...

Consuelo dijo...

A jugar... lanzao el dado. Uff salió por Angela Figueras. ¿cómo escribir poesia?

Es sencillo, sencillo...
Es tan terriblemente
natural y sencillo
como parir... El poema
sazón ase como un hijo
en los profundos adentros...
De pronto, un día, sentimos
que nos desgarra la entraña... Luego un descanso infinito

(Alumbramiento)

Juan Jesús dijo...

Pués yo elijo este, de Ángeles Mora, así nos quedamos con las Ángelas:

ELEGÍA Y POSTAL

No es fácil cambiar de casa,
de costumbres, de amigos,
de lunes, de balcón.
Pequeños ritos que nos fueron
haciendo como somos, nuestra vieja
taberna, cerveza
para dos.
Hay cosas que no arrastra el equipaje:
el cielo que levanta una persiana,
el olor a tabaco de un deseo,
los caminos trillados de nuestro corazón.
No es fácil deshacer las maletas un día
en otra lluvia,
cambiar sin más de luna,
de niebla, de periódico, de voces,
de ascensor.
Y salir a una calle que nunca has presentido,
con otros gorriones que ya
no te preguntan, otros gatos
que no saben tu nombre, otros besos
que no te ven venir.
No, no es fácil cambiar ahora de llaves.

Y mucho menos fácil,
ya sabes,
cambiar de amor.

Aniriu dijo...

DEFENSA DE LA ALEGRÍA


Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegía como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y de la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.

Mario Benedetti

Juan Jesús dijo...

Es la sonrisa esa llave

capaz de abrir el alma

es la sonrisa esa llave

que del corazón es dueña y ama


Es la sonrisa ese ángel

que me devolvió a la paz

es la sonrisa ese ángel

fiel, protector y vivaz

de defraudarte incapaz

ni de abandonarte jamás


Es la sonrisa el secreto

que anhela para sí la felicidad,

deseosa de tenerla como talismán

y de ser su eterno guardián


¿Qué tendrá la sonrisa?

que invita a la vida a caminar

y al caminante a soñar

es tan grata la sonrisa

y tan fácil de regalar

que a veces este mundo loco

nos lleva a olvidar

la valía inmensa que este gesto

tiene en ese telar

que el destino teje a su antojo

y que a veces tapa el sol con su pulgar

nos incita a abandonar

a querer parar

y a nuestros sueños olvidar...

no recordamos esa sonrisa

precisa, mágica y pegadiza

y en un momento olvidamos

todo aquello que nos regaló,

nuestro gesto se torna triste

y se marcha la felicidad

que con ella un día tuviste,

no te engañes...

tú eres esa sonrisa,

tú naciste para vivir

luchar, emocionar

y sobretodo... sonreír

Consuelo dijo...

A ver que tal os parece este para un sabado con o sin planes:

Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillento,
y lamenté no poder por los dos andar
siendo un solo viajero; permanecí largo tiempo
contemplando uno de ellos hasta donde me alcanzaba la vista
Hasta el lugar en que se perdían en la espesura.

Entonces tomé el otro, tan recto y tan bello,
y que tenia tal vez mejor motivo,
pues estaba cubierto de hierba y era incitante
aunque para el que por allí pasa caminante
tenían ambos igual utilidad realmente.

Y esa mañana ambos por igual se cubrían
de hojas que paso alguno había hollado todavía.
¡Ay, dejé el primero para otro día!
Y aún sabiendo que un camino al otro me llevaba,
dudé si alguna vez volvería.

Y estaré diciendo esto entre hondos lamentos,
en algún lugar a muchos, muchos años de allí:
Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillento,
y yo… el menos transitado yo elegí,
y en ello estuvo toda la diferencia.

De Robert Frost (1926) “el camino no tomado

Aniriu dijo...

EN TI ME QUEDO

De vuelta de una gloria inexistente,
después de haber avanzado un paso hacia ella,
retrocedo a velocidad indecible,
alegre casi como quien dobla la esquina de la
calle donde hay una reyerta,
llorando avergonzado como el adolescente
hijo de viuda sexagenaria y pobre
expulsado de la escuela vespertina en la que era becario.
Estoy aquí,
donde yo siempre estuve,
donde apenas hay sitio para mantenerse erguido.

La soledad es un farol certeramente apedreado:
sobre ella me apoyo.

La esperanza es el quicio de una puerta
de la casa que fue desarraigada
de sus cimientos por los huracanes:
quicio-resquicio por donde entro y salgo
cuando paso del nunca (me quisiste) al todavía (te odio),
del tampoco (me escuchas) al también (yo me callo),
del todo (me hace daño) al nada (me lastima).

No importa, sin embargo.

Los aviones de propulsión a chorro salvan rápidamente
la distancia que separa Tokio de Copenhague,
pero con más rapidez todavía
me desplazo yo a un punto situado a diez centímetros
de mí mismo,
de prisa,
muy de prisa,
en un abrir y cerrar de ojos,
en sólo una diezmilésima de segundo,
lo cual supone una velocidad media de setenta kilómetros a la hora,
que me permite,
si mis cálculos son correctos,
estar en este instante aquí,
después mucho más lejos,
mañana en un lugar sito a casi mil millas,
dentro de una semana en cualquier parte
de la esfera terrestre,
por alejada que os parezca ahora.
Consciente de esa circunstancia,
en muchas ocasiones emprendo largos viajes;
pero apenas me desplazo unos milímetros
hacia los destinos más remotos,
la nostalgia me muerde las entrañas,
y regreso a mi posición primera
alegre y triste a un tiempo
-como dije al principio:
alegre,
porque sé que tú eres mi patria,
amor mío;
y triste,
porque toda patria, para los que la amamos,
- de acuerdo con mi personal experiencia de la patria-
tiene también bastante de presidio.

Así,
en ti me quedo,
paseo largamente tus piernas y tus brazos,
asciendo hasta tu boca, me asomo
al borde de tus ojos,
doy la vuelta a tu cuello,
desciendo por tu espalda,
cambio de ruta para recorrer tus caderas,
vuelvo a empezar de nuevo,
descansando en tu costado,
miro pasar las nubes sobre tus labios rojos,
digo adiós a los pájaros que cruzan por tu frente,
y si cierras los ojos cierro también los míos,
y me duermo a tu sombra como si siempre fuera
verano,
amor,
pensando vagamente
en el mundo inquietante
que se extiende -imposible- detrás de tu sonrisa.


Angel Gonzalez

Juan Jesús dijo...

Yo pongo el monilogo final de la vida es sueño (Pedro Calderón de la Barca):


¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.